El martes se había presentado con un calor
abrasador, y eso que septiembre ya estaba prácticamente por terminar. Los
caminos de Anchor eran senderos dónde el sol precisamente pegaba muy fuerte. En
pleno verano era insoportable.
-Dios mío, qué calor -jadeó Bacchus,
abanicándose con la mano.
-No te despistes -dijo Patria, tratando de
espabilarlo -podemos divisar algo ya mismo.
Acompañados de una patrulla de primer
grado compuesta por cuatro magos inferiores, Patria y Bacchus llevaban
caminando alrededor de 20 minutos bajo aquel sol abrasador. El avistamiento de
cuatro individuos armados por las cercanías no era ninguna broma... aunque
últimamente se había establecido un período de paz, o eso parecía.
-Patria, estás muy nerviosa -soltó Bacchus
-seguramente sean ladrones de tres al cuarto.
-Hay que estar alerta. Precisamente ahora
no me gustaría tener que lidiar con bandidos experimentados. Por cierto, ¿pasa
hoy algún carruaje o algo así por esta zona?
Los magos de la patrulla se miraron entre
sí. Uno de ellos parecía saber algo.
-Sí, señora. Los Rorunoi tienen previsto
un viaje de fin de verano a Lascis y parten hoy mismo... o eso tengo entendido.
¿Por qué lo pregunta?
La expresión de Patria cambió
repentinamente. Miró a Bacchus preocupada.
-Vamos, rápido -intervino este -¡Patrulla,
investiguen los alrededores de inmediato!
-¡Sí, señor!
Mientras, cerca de allí...
-Dios, en estas rocas es casi imposible
colocarse...
-No te quejes, Shayla. Piensa en la
recompensa que nos aguarda.
Scytherage preparabe su ataque desde la
colina Mountlay, paralela a los extensos caminos de Anchor. Los cuatro
participantes platicaban acerca del plan.
-Ederson tiene razón -intervino Galdor
-¿cuánto queda para que pase esa cosa con ruedas?
-Alrededor de cinco minutos. Descended en
cuánto nosotros nos acerquemos a la presa en cuestión y poneos los pañuelos.
-Entendido, Sr. Raxor.
-Todo parece demasiado fácil... -murmuró
Galdor
-¿Acaso tienes miedo? -le preguntó Raxor
con picardía.
-Tranquilo. Vamos yendo.
Y pasaron cinco minutos. Aún no llegaba el
carromato. Shayla y Ederson ocupaban sus respectivas posiciones de guardia,
mientras los otros dos se escondían a cada lado del camino. La disposición era
perfecta. Eran unos auténticos maestros en esto.
De repente, Ederson alzó el brazo desde su
ubicación como señal de que se acercaba algo. Y así era, la diligencia estaba
ahí. Ya se veía a lo lejos. Se comunicaban por señas mientras esta se
aproximaba. Oculto tras una roca, Raxor observó el último gesto de Galdor. Se
incorporó y corrió velozmente hacia el camino por donde el vehículo circulaba.
Alzó los brazos una vez llegó, y gritó:
-¡ALTO!
-¡ALTO!
La diligencia frenó en seco, los caballos
relincharon, y Galdor salió de su escondite también. El conductor, de unos
sesenta años, levantó su boina y elevó la voz para ser escuchado.
-¿Quiénes son ustedes? ¡Fuera del camino!
-Menos numeritos, payaso -dijo Raxor
despectivo -he oído que traéis una ingente cantidad de dinero en esta cosita.
¿Qué tal si compartís?
En el carromato iban cuatro personas sin
contar al conductor: un hombre adulto, una mujer y dos niñas.
-¿P-pero se puede saber qué es esto?
¿Algún tipo de broma? -dudó atónito el hombre.
-¡Sr. Rorunoi! No se sorprenda, dudo que
me conozca. Pero yo a usted sí. Bueno, es difícil no conocer a la gente de su
calaña.
Las palabras de Raxor hirvieron la sangre
de Rorunoi, quien ordenó al conductor que continuase su camino incluso si
tuviese que atropellarlos. Decatándose de este movimiento, Galdor desvió la
mirada al lugar dónde Ederson se encontraba. Antes de que pudiese retomar el
ritmo, este disparó a la pata de uno de los caballos. Los animales relincharon
nuevamente.
-¿Crees que somos tontos, Rorunoi...?
Desembolsa toda esa mierda y os dejaremos con vida. ¡Rápido, sin perder tiempo!
La expresión furiosa de Rorunoi causaba
temor hasta en los miembros de su familia.
-¿Qué vas a hacer, cariño...? No parecen
muy amigables -le indicó la mujer.
Rorunoi resopló y se bajó de la diligencia
sin dudarlo más.
-¡Alto! -exclamó Galdor -primero
comprobaré que estás desarmado.
-No llevo ningún arma. No esperaba
encontrarme gentuza por el camino.
Galdor se ajustó mejor su pañuelo y le
asestó un prominente puñetazo al aristócrata.
-¡Papá! -gritaron las niñas desesperadas.
La mujer chasqueó la lengua plagada de
ira. Pero no podían hacer nada. La emboscada había dado buenos resultados.
Aunque...
-Ujujuju... pero qué riquezas tenéis.
¿Sois los más ricos de Ireth? Si es así, la próxima vez que vayáis de viaje
traed más. Ya que os sobra...
Rorunoi no habló la boca y siguió sacando
bolsas de dinero. Seis en total.
-Cincuenta mil rupias -desveló Rorunoi,
por fin.
-Muchísimas gracias, muy amable -concluyó
Galdor, sarcástico.
-Ah, pesan poco. Bueno, pues nos vemos la
próxima. ¡Traed más si queréis, ya sabéis!
La situación estaba a favor de Scytherage, hasta que se elevó una voz por encima de ellos.
-¡Alto! -la imponente figura de Patria
apareció repentinamente por el camino -no os mováis.
Raxor y Galdor se miraron. Iban cargados
cada uno con tres bolsas.
-¡Hora de irse! -exclamó Raxor
fuertemente, tratando de avisar a sus otros compañeros.
Se giraron, pero algo les cortó el paso.
-De eso nada -y una ágil patada consiguió
tirar al suelo los sacos que llevaba Galdor.
Raxor evitó la segunda. Era Bacchus.
-Bien, dejaré que las deposites tú mismo
-sonrió.
-¿Venís de una academia? -preguntó Raxor,
intentando mantener la calma.
Galdor recuperó el movimiento y antes de
que Bacchus pudiese articular palabra, lo sujetó por detrás superando la
velocidad de su adversario.
-¡Bacchus!
Raxor incitó a Shayla con la mirada y
detuvo el avance de Patria hasta su posición con un nuevo disparo.
-Sabemos darle la vuelta a la situación.
Somos cuatro contra dos. Dejadnos ir y todos en paz -propuso Raxor.
Patria los miró desconfiada. Y de
repente...
-¡DE ESO NADAAAAAAAA!
Una tormentosa voz rompió el silencio que
se había creado en el lugar. A la par, un potente rayo iluminó la zona, cayendo
con fuerza en el terreno.
-¿Y ahora qué?
-¡Zhoenix! -voceó Patria alucinada.
-¿Un niñato? -preguntó Raxor.
-¡No! -la voz de Zhoenix volvió a resonar
-el que será el mago más fuerte de toda Ireth. ¡Zhoenix Frame!
Raxor se giró para observar a Galdor, que
sujetaba a Bacchus sin que este forcejease lo más mínimo.
-Y no es todo. ¿Verdad, Aki?
-¿Qué? -Patria no daba crédito.
Fijó su mirada en el lugar por el que ella
misma había venido, y allí estaba Aki, con su aspecto débil de siempre. Se la
notaba atemorizada.
-¿Se puede saber qué hacéis aquí? ¡No
podéis abandonar la academia! -los abroncó Patria.
-Así que sí que sois de una academia...
-dedujo Raxor -a ver, profes, niñatos. Marchaos, que nosotros también nos
vamos.
Todo volvió a quedarse en silencio. Fue
entonces cuando el jefe de Scytherage volvió a reparar en sus compañeros
ocultos. Alzó el brazo y comenzaron a disparar al suelo. Raxor aprovechó la
confusión de Patria y Zhoenix para sacar de su bolsillo una bomba de humo.
-¡RETIRADA!
Galdor soltó a Bacchus, recuperó los sacos
y corrió junto al resto. Los cuatro no podían dejar de toser, mientras que en
la diligencia, Rorunoi y los demás se acercaban al inesperado campo de batalla
que habían formado.
-¡¿Se puede saber por qué no han
recuperado nuestro dinero?! ¡¿Qué clase de magos son?!
El humo se disipó y Patria ignoró a
Rorunoi.
-Joder, ya no podemos hacer nada. ¡Maldita
sea! -gritó Patria, enojada -si no hubieseis entrado... lo habéis fastidiado
todo. Podríamos haberlos capturado sin problema... ¡Joder!
Zhoenix y Aki no dijeron nada.
-Tranquilízate, Patria -la calmó Bacchus
-dudo que hubiésemos podido con ellos nosotros dos sólos. Su intervención no ha
tenido nada que ver. Además, nos habrán sacado como mucho 500 metros. Mi
teletransporte de 100 metros podría alcanzarlos, pero seguramente vayan todos
juntos y no pueda hacer nada.
El silencio, una vez más, reinó en el
camino.
Patria, más relajada, miró fijamente a su
compañero. El cruce de miradas reparó en Zhoenix. Los dos maestros sonrieron
confiados. Y él, también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario