-Shayla, Ederson, vosotros dos bajaréis
por cada lado de la colina hasta colocaros en un punto bueno de alcance. No
disparéis si no se tuercen las cosas.
-¡Entendido, Sr. Raxor!
-¿Se puede saber qué planeáis? -la voz de
Jassin se alzó en la guarida causando un molesto eco-
Raxor se giró hacia él y frunció el ceño.
-A ti no te incumbe, por ahora; te
quedarás aquí con Makin -le indicó, señalando a un individuo desaliñado que
portaba un pañuelo en la cabeza-
-¿Y por qué no? Podría ser de utilidad,
créeme -replicó Jassin
-Chico, aún no podemos confiar plenamente
en ti, lo siento -intervino el último miembro -además, aquí no causarás ningún
problema... Makin podría matarte en cualquier momento.
Y mientras decía esto, Makin sonreía de
oreja a oreja.
-Galdor tiene razón -añadió Ederson -pero,
¿qué magia tienes?
-Envenenamiento -respondió -por eso creo
que no os vendría mal.
-Ni siquiera sabemos por qué has venido
hasta aquí -dijo Shayla.-
Jassin torció el gesto de repente.
-Dejadle, chicos. No es momento para esto
-y mientras Raxor rompía el hielo, Jassin se incorporó y resopló
enérgicamente.-
-Está bien, aquí me quedó -soltó,
convincente.
-Buen chico -sonrió Raxor -y ahora,
¡vámonos! Una buena recompensa nos aguarda dentro de esa diligencia.
-¡Entendido, Sr. Raxor!
Y una vez se marcharon, Makin se sentó en
el suelo, denotando cansancio.
-¿A dónde van? -preguntó interesado Jassin
-Supongo que a atacar algún carro -le
informó el misterioso hombre -los que pasan por aquí cerca no suelen
transportar gran cosa, pero lo suficiente cómo para alimentarnos...
-Ah, vaya. ¿Y por qué vivís aquí, aislados
del exterior?
-Somos fugitivos -contestó Makin, con una
mirada confiada -no hace mucho que se creó Scytherage, por eso aún “la
justicia” no nos busca. De todos modos, no tengo que darte motivos.
-Está bien... en fin. Ahora soy uno más,
no voy a traicionaros ni nada. No me interesa. Ni siquiera he pisado una
academia de magia. Aunque ya no quedan muchas, ¿no?
Makin levantó la mirada nuevamente hacia
su interlocutor, esta vez desconfiado. De repente, se incorporó.
-¿Sabes de la existencia de esas
academias? -le interrogó
-Claro. ¿Quién no? Hay unas cuantas a lo
largo de toda Ireth. De todas formas, no me van ese tipo d...
Y sin dejarle acabar, Makin se acercó a él
y lo levantó en el aire estampándolo contra la pared.
-¡¿Se puede saber qué haces, animal?!
Makin lo miró fijamente con una expresión
furiosa en el rostro.
-Tú... ¿has estado en alguna academia de
magia?
Y Jassin, rápidamente y forcejeando con su
adversario, respondió:
-¡Pues claro que no! Pero mi hermano está
en una de ellas
-¡¿En cuál?! -Makin se exaltaba a cada
frase que escuchaba
-¡No lo sé! Lo juro, no tengo relación
alguna con mi hermano. La magia me viene de familia, pero jamás he estado en
ninguna academia. Él nunca me ha contado nada, no quiere saber nada de mí. ¡Es
la verdad!
Makin lo dejó caer al duro suelo de la
guarida, dando media vuelta hasta su posición anterior.
-Has tenido suerte. Casi te mato.
*En ese momento, en la academia
Challengers...*
-Ahhh... qué bien he dormido. ¡Y el
desayuno estaba delicioso...! ¿Huh? ¿Estás nerviosa, Aki?
-B-bueno... un poco... pero lo mejor es
mantener la calma. Las clases serán normales, ¿no?
-Ni idea, sólo hay cinco a la semana. Y
hoy martes, ni siquiera nos toca la Patria esta.
Aki suspiró aliviada. Pensaba que Patria
no era muy amigable, y demasiado estricta en el trato. Pero tenían que cargar
con ello. Zhoenix añadió:
-¡Y además somos pocos en esta clase! Es
una academia grande, pero tampoco somos tantos. Cuatro clases y cinco
asignaturas... ¡Bah, liquidado! La de hoy es Control Mágico. Me han explicado
que nos harán dividir nuestra magia para poder usarla adecuadamente. ¡Pero si
eso ya sé hacerlo yo de sobra! Además, ni falta que me hace. Al que lo
electrocute, va listo. ¡One hit K.O!
Y mientras el animado muchacho soltaba
toda esta palabrería, Aki observó como un hombre alto trajeado, con gafas, de
peinado extravagante y con carpetas bajo el brazo entraba por la puerta.
Mientras se sentaba, ella echó un vistazo a la amplia clase. Sólo había seis
personas más, así que en total eran ocho. Entonces, el hombre carraspeó, dejó
sus cosas sobre la mesa y se presentó:
-Buenos días, mi nombre es Bacchus, y seré
vuestro profesor de Control Mágico. Cómo sabéis, tenemos una clase a la semana.
Por favor, presentaos.
Y antes de que nadie pudiese decir
palabra, Zhoenix alzó su brazo sobre el resto de la clase con una sonrisa
mientras todos lo miraban, perplejos.
-¡Hola, profe! Mi nombre es Zhoenix, y soy
un mago poderosísimo. Cuando me enfrento a alguien, saltan las chispas. ¡No me
hace falta controlar mi magia, ya soy un experto!
Bacchus lo miró sin mucho interés y señaló
al que estaba sentado más atrás.
-Preséntate.
-¡Eh, no me ignores...!
*Mientras, en la enfermería...*
-Hola, Nat.
-¡Vaya! ¿Ahora vendrás a visitarme cada
día?
-No es eso... lo de ayer me preocupó
bastante. ¿Crees que se trata de algún caso especial?
Natsumy despejó su frente de su flequillo
naranja y miró a un lado del cuarto.
-Desde luego, es algo muy particular... no
había visto nada nunca. Ni mi sencilla curación conseguía calmar su ritmo
cardiaco.
-Espero que no nos dé problemas... lo peor
es que es un chico con mucho potencial... -Patria aún no había terminado de
hablar cuando un guardia entró en la enfermería
-¡Sra. Patria! ¡La Patrulla A ha informado
de un avistamiento extraño por los caminos de Anchor! Dicen que han visto a
cuatro individuos armados dividiéndose por la colina que rodea el sendero
principal. Han reclamado su asistencia y la del señor Bacchus de inmediato,
creen que podría ser peligroso.
Patria, atónita, preguntó:
-¿Dónde se encuentra Bacchus ahora?
-En la clase D, en la primera clase de
Control Mágico.
-Ahora mismo voy -y Patria se marchó,
abandonado la enfermería, mientras Natsumy seguía pensando sobre el caso de
Zhoenix.
-Tranquila, Patria. Intentaré conseguir
toda la información posible.
-¡Bacchus! -la imponente mujer abrió la
puerta de la clase fuertemente irrumpiendo por sorpresa -lo siento, pero
tendrás que aplazar tu clase. Nos reclaman en los caminos de Anchor.
Los niños, sorprendidos, incluso Aki y
Zhoenix, no daban crédito a lo que estaba ocurriendo en su primer día de clase.
-Oh... justo ahora, que iba a empezar a
enseñar cosas... pues que se le va a hacer. Os libráis por hoy. Vamos, Patria.
-¡Bien! -exclamó Zhoenix enérgicamente
mientras los maestros abandonaban la estancia.
-¿Q-qué habrá pasado? -se preguntaba Aki.
-¿Qué importa? Nos hemos librado del
rollazo de clase de este tío. Aunque ahora me aburriré... ¡Ya sé! Iré tras
ellos, a ver qué se traen entre manos.
Y saltó de su pupitre con decisión, en la
misma dirección que Patria y Bacchus.
-¿Q-qué? ¡Espera! No puedes hacer eso
-dijo Aki intentando convencerle.
-¡No te preocupes! Ven conmigo también,
¡vamos!
-N-no sé yo...
-Confía en mí -Zheonix se acercó a ella y
levantó el pulgar derecho en señal de confianza mientras sonreía de
oreja a oreja.
Tomó la mano de su compañera y se dirigió
nuevamente a la puerta, pero sus compañeros intervinieron por fin:
-Eh, ¿a dónde se supone que vais? -les
interrogó un pelopincho de la altura de Aki.
-Ah, ya que la clase se suspende, pues
vamos tras ellos. ¿Queréis venir también? Por mí no hay problema. ¡Vamos!
Y los alumnos restantes, con la misma
expresión de perplejidad observaron a los dos niños magos que trataban de
saltarse las reglas de la academia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario