Challengers, Prólogo -La guerra-
A
pesar de que la guerra estaba en su etapa más crucial, los Gintou llevaban una
vida tranquila. Al fin y al cabo, eran una familia adinerada. Nunca habían
tenido algún problema económico. Tenían contactos a lo largo y ancho de la
región de Ireth, desde sicarios asesinos hasta comerciantes clandestinos. Sí,
sin duda eran personajes reconocidos. Pero tras aquel incidente, no volvieron a
hablar de ellos. Puede que por respeto, porque no eran precisamente“agradables”
o porque se olvidaron de ellos, simplemente.
Los Gintou vivían en una enorme mansión al
oeste de la ciudad de Malka. Malka estaba situada al suroeste de Ireth y era
conocida en toda la región gracias a su gran mercado, cuyos puestos destapaban
cada fin de semana. Los productos, de mucha más calidad que los de cualquier
otra tienda, eran adquiridos por la gente más rica, una porción muy escasa de
la población de esa ciudad. De esa... y de todas. Cada año que pasaba, más
personas se quedaban sin trabajo. Un claro ejemplo eran los agricultores y
ganaderos que vivían a las afueras de las ciudades importantes, y que se veían
obligados a ceder sus tierras a los que se las pedían. Si se negaban, estaban
en un problema. Y es que los ricos dominaban a los pobres. Los Gintou no tenían
ningún miramiento en adquirir tierras sólo por presumir. Porque, si ya compran
todo lo que necesitan en los grandes mercados, ¿para qué quieren productos
naturales o animales? ¿Tal vez les gustaba dejar sin trabajo a aquellas
familias que se alimentaban del campo y de sus cerdos o gallinas? En aquella
época, todo funcionaba así. Los únicos que podían salvarse eran los que eran
llamados a la guerra. Al menos, a ellos les administraban comida. Porque los
conflictos nunca cesaban, y cada bando necesitaba más y más filas de hombres.
Los encargados seleccionaban a determinados hombres, tuviesen la opinión que
tuviesen, quisiesen o no participar en la guerra. Eran arrastrados a la
batalla. Los entrenaban lo justo y les enseñaban lo básico. Luchaban cara a
cara, espada contra escudo, caballo contra caballo. Pero... ¿qué fin tenía la
guerra? ¿Por qué luchaban desesperadamente los unos contra los otros? Bien...
la guerra nació a partir de los ideales de un grupo de pensadores religiosos.
Estos se encontraban en una de las ciudades más importantes, Vatican, también
conocida como la ciudad de Dios. El catolicismo parecía desaparecer poco a
poco... pero allí estaba la Iglesia, para tomar las decisiones que quisiesen. Y
la que tuvo las consecuencias más trágicas y trascendentales fue... erradicar la
magia.
El primer bando estaba comandado por la
máxima autoridad religiosa: El Sacerdote Supremo. Un hombre anciano que declaró
la guerra argumentando que la propia existencia de la magia era un pecado, que
los que la poseían eran enviados del demonio y que la usarían con un fin
diabólico... que algo maligno surgiría a partir del uso de estas artes
sobrenaturales, algo que sumiría el mundo en un profundo caos. Y aún sin
atisbar nada relacionado con esto, la Iglesia y el Sacerdote Supremo declararon
la guerra. Tenían el mayor número de hombres, el armamento más variado y muchas
más posibilidades de terminar este conflicto con éxito. Muchos se preguntaban,
¿no va el uso de armas en contra de la voluntad de Dios? El Sacerdote Supremo
decidía, y si lo hacía por la paz, no había discusión.
El segundo bando no tenía ni punto de
comparación con el religioso: Eran defensores de la región, asociaciones de
gente en contra de los disturbios causados por la guerra, o simplemente
partidarios del uso de la magia en Ireth. Al fin y al cabo, cuando se declaró
la guerra, no hacía ni tres años que la magia había sido descubierta. Aunque de
esto, poco se sabe. Curiosamente, la mayoría de aristócratas apoyaban al
Sacerdote Supremo. Pero los Gintou fueron la clave de la evolución de este
grupo. Los Gintou escondían un secreto que nunca había salido a la luz, que
sólo ellos mismos conocían... Ellos eran los magos más poderosos de Ireth.
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