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jueves, 16 de julio de 2015

Challengers, Prólogo -La guerra-


A pesar de que la guerra estaba en su etapa más crucial, los Gintou llevaban una vida tranquila. Al fin y al cabo, eran una familia adinerada. Nunca habían tenido algún problema económico. Tenían contactos a lo largo y ancho de la región de Ireth, desde sicarios asesinos hasta comerciantes clandestinos. Sí, sin duda eran personajes reconocidos. Pero tras aquel incidente, no volvieron a hablar de ellos. Puede que por respeto, porque no eran precisamente“agradables” o porque se olvidaron de ellos, simplemente.


 Los Gintou vivían en una enorme mansión al oeste de la ciudad de Malka. Malka estaba situada al suroeste de Ireth y era conocida en toda la región gracias a su gran mercado, cuyos puestos destapaban cada fin de semana. Los productos, de mucha más calidad que los de cualquier otra tienda, eran adquiridos por la gente más rica, una porción muy escasa de la población de esa ciudad. De esa... y de todas. Cada año que pasaba, más personas se quedaban sin trabajo. Un claro ejemplo eran los agricultores y ganaderos que vivían a las afueras de las ciudades importantes, y que se veían obligados a ceder sus tierras a los que se las pedían. Si se negaban, estaban en un problema. Y es que los ricos dominaban a los pobres. Los Gintou no tenían ningún miramiento en adquirir tierras sólo por presumir. Porque, si ya compran todo lo que necesitan en los grandes mercados, ¿para qué quieren productos naturales o animales? ¿Tal vez les gustaba dejar sin trabajo a aquellas familias que se alimentaban del campo y de sus cerdos o gallinas? En aquella época, todo funcionaba así. Los únicos que podían salvarse eran los que eran llamados a la guerra. Al menos, a ellos les administraban comida. Porque los conflictos nunca cesaban, y cada bando necesitaba más y más filas de hombres. Los encargados seleccionaban a determinados hombres, tuviesen la opinión que tuviesen, quisiesen o no participar en la guerra. Eran arrastrados a la batalla. Los entrenaban lo justo y les enseñaban lo básico. Luchaban cara a cara, espada contra escudo, caballo contra caballo. Pero... ¿qué fin tenía la guerra? ¿Por qué luchaban desesperadamente los unos contra los otros? Bien... la guerra nació a partir de los ideales de un grupo de pensadores religiosos. Estos se encontraban en una de las ciudades más importantes, Vatican, también conocida como la ciudad de Dios. El catolicismo parecía desaparecer poco a poco... pero allí estaba la Iglesia, para tomar las decisiones que quisiesen. Y la que tuvo las consecuencias más trágicas y trascendentales fue... erradicar la magia.

El primer bando estaba comandado por la máxima autoridad religiosa: El Sacerdote Supremo. Un hombre anciano que declaró la guerra argumentando que la propia existencia de la magia era un pecado, que los que la poseían eran enviados del demonio y que la usarían con un fin diabólico... que algo maligno surgiría a partir del uso de estas artes sobrenaturales, algo que sumiría el mundo en un profundo caos. Y aún sin atisbar nada relacionado con esto, la Iglesia y el Sacerdote Supremo declararon la guerra. Tenían el mayor número de hombres, el armamento más variado y muchas más posibilidades de terminar este conflicto con éxito. Muchos se preguntaban, ¿no va el uso de armas en contra de la voluntad de Dios? El Sacerdote Supremo decidía, y si lo hacía por la paz, no había discusión.

El segundo bando no tenía ni punto de comparación con el religioso: Eran defensores de la región, asociaciones de gente en contra de los disturbios causados por la guerra, o simplemente partidarios del uso de la magia en Ireth. Al fin y al cabo, cuando se declaró la guerra, no hacía ni tres años que la magia había sido descubierta. Aunque de esto, poco se sabe. Curiosamente, la mayoría de aristócratas apoyaban al Sacerdote Supremo. Pero los Gintou fueron la clave de la evolución de este grupo. Los Gintou escondían un secreto que nunca había salido a la luz, que sólo ellos mismos conocían... Ellos eran los magos más poderosos de Ireth.

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